
Fuente de la imagen: CIC.
La cuenca es un tapiz-mundo, una figura de totalidad y fuente de relaciones, productora y afectada, matriz generativa de espacialidad. El proyecto explora sus dimensiones, modulaciones internas y externas, históricas y sistémicas, naturales y culturales. Su materialidad de gran espacio reside en esas modulaciones. El método es simple e incompleto: se trata de atravesarla y prestarle oídos y ojos en cada una de las paradas del viaje, pero también perseguimos su espectro invisible, las narraciones que la contienen, los mitos que genera, los símbolos y motores de la política humana que la encarnan y la transforman.
Los suelos que contiene la cuenca son de los más fértiles del mundo, produciendo más de la mitad de las exportaciones agrícolas de Sudamérica. El sistema de la tierra y el agua de la cuenca dan sustento y metabolismo a una de las mayores regiones de biodiversidad. La cuenca en tanto matriz espacial es una máquina en movimiento permanente, acoplada y sosteniendo a las sociedades humanas modernas, con las cuales mantiene tensiones e interacciones.
La cuenca es un gran espacio enhebrado en un fondo de otros grandes espacios análogos: cuencas, grandes paisajes, eco-regiones, redes de infraestructura, espacios políticos, etc. Estos espacios se concentran algunas veces sobre sí mismos, otros aparecen entrelazados con figuras contiguas o distantes, y no pocas veces se presentan a través de una red de puntos conectados artificialmente o a través del paisaje.
Desde el punto de vista humano estos grandes espacios son fuente de historia y organización, espacio de recepción de grupos o generador de culturas. Se generan en sus profundidades arquetipos y sujetos: el destino del peregrinaje del pueblo Tupí-Guaraní en el lomo de la serpiente que baja desde el Amazonas, la infinita pradera marginal de los gauchos, el universo de la cultura fluvial mesopotámica, o la provincia jesuítica Paracuaria. Estas figuras presentan el entrelazamiento de los grupos y de estos con el espacio metabólico.
La figura generativa e histórica de la Cuenca del Plata (en tanto es un gran espacio) es atravesada y conectada, conflictiva o compositivamente, por los movimientos tectónicos históricos, regionales y globales. Desde el imperio inca, pasando por el hito decisivo de la llegada del mundo hispánico y portugués al continente, por la revolución industrial y el modernismo estatal e infraestructural, hasta la globalización del siglo XXI. Generativa y afectada simultáneamente.
Nuestra época carga con la maldición de lo interesante. Vivimos el fin o el punto de inflexión de la modernidad globalizada, la universalidad planetaria que se inaugura con la ciencia iluminista europea y que intenta pasar al acto luego de la caída del mundo soviético a través de representaciones políticas y redes socio-técnicas que forman ese globo, y en el que las partes dejan de ser lugares o sitios de la historia y fuentes de generación concretas, y devienen emanaciones posibles de un universal inmanente. Sin embargo, esta crisis en la que las tramas de la globalización se vuelven inciertas y muestran en algunos casos su superficialidad nos permite regresar sobre la Cuenca del Plata como un gran espacio concreto y situado en su profundidad histórica y geográfica. La cuenca nos permite encontrar una escala geopolítica y política más adecuada para pensar los lugares locales como las ciudades, las áreas metropolitanas, las zonas rurales, etc, pero también para reconstruir una totalidad del mundo planetario a partir de sus espacios concretos.
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