Introducción

Una cartografía de los grandes espacios del sur

La fragmentación de la globalización nos permite retomar una dimensión concreta del espacio histórico, el mundo material sobre el que se asienta la civilización moderna. Esta dimensión se encuentra en los grandes espacios: para nosotros, el primer modelo de gran espacio son las cuencas, que hemos investigado desde la creación de m7red. Los grandes espacios son el lugar de convergencia de sistemas geobiológicos con la historia humana: comprenden un amplio tiempo geográfico, un tiempo estructural civilizatorio y el tiempo de la historia política. Un «gran espacio complejo» es, metodológicamente, una escala que nos permite enmarcar las realidades locales (ciudades, regiones, zonas) por un lado, y articular concretamente relaciones globales que no se ajustan a una unidad dada por otro. Por ejemplo, cómo una gran cuenca es un embudo agroindustrial que se extiende de sur a sur o de sur a norte.

Este proyecto opera, por un lado, cartografiando los grandes espacios y, por otro, recorriéndolos y entrando en contacto directo con ellos y sus actores. El proyecto tiene su origen en el trabajo de campo urbano y rural en torno a la cuenca Matanza-Riachuelo (2008-2015) y adquiere su dimensión actual a partir de 2022 con nuestro viaje a la cuenca del Volta en Ghana, África. Fue en esa región y continente donde tomamos conciencia de las dimensiones y la complejidad de estos vastos espacios, sus estructuras y potencialidades, y especialmente de sus relaciones globales.

En el caso del Volta, pudimos comprender cómo la región acumula fragmentos de modernización derivados de su proceso de independencia, y cómo este proceso se articula y conecta con el proyecto del panafricanismo a escala continental.

En 2023 viajamos para iniciar el primer mapeo de la cuenca del Río de la Plata, cuya hipótesis es la interrelación entre un presente productor de energía y alimentos y un ciclo histórico de diversas globalizaciones que comienzan a tensarse y a constituir la región.

Esta nueva metodología de «gran espacio» inaugura una nueva etapa en el trabajo de m7red, en la que nuestras teorías y metodologías anteriores pueden ponerse a prueba a mayor escala, lo que conlleva cambios no solo cuantitativos sino también cualitativos.

amerindia

En general pensamos el espacio humano y su aspecto global (el hecho de que las sociedades humanas conciben una representación del planeta como una totalidad que incluye los campos de la economía, la política y la técnica) a la luz de categorías universales heredadas de la Ilustración europea. Este espacio global que damos por sentado se basa en dos movimientos contradictorios: por un lado, la homogeneidad: el deísmo y su inmanencia, la identidad técnica del espacio, la unidad de la matriz antropológica, la identidad de las diferencias, etc. Por el otro, la dicotomía de la naturaleza y la cultura, de lo viejo y lo nuevo, de la barbarie y la civilización, todo ello articulado temporalmente mediante una dirección y una tendencia convergente. Esta teleología nos llevaría desde estas dicotomías hasta su resolución en el futuro, ya sea esta positiva y futurista o apocalíptica y milenarista. En definitiva, a una concepción metafísica que se quiere secular y objetiva: el progreso histórico.

¿Desde donde pensar estos problemas que nos afectan día a día? Desde aquí, desde las fuentes de energía que alimentan a los aparatos con los que estamos escribiendo ahora mismo, desde las fuentes terrestres en las que crecen los alimentos que están allí sobre la mesa. Para nosotros, m7red, este sitio es América del Sur, la gran Cuenca del Plata, Argentina, en última instancia Buenos Aires, el mundo global en el que nos movemos hace ya mucho tiempo como equipo. Este mundo tendrá que ser redibujado al revés, desde nuestro lugar hacia los otros. En ese camino, en el tejido de historias, amistades y choques que son la base operativa de este proyecto encontraremos una globalidad particular e incompleta, pero más real. Mapa impreciso y precario, fiel al momento de crisis e inflexión sistémica de la universalidad global moderna que parece agotar sus energías. 

Pero ¿es posible concebir otro tipo de universalidad?  Un tipo de universalidad histórica y concreta que aparece como problema político luego de la llegada de España y luego Portugal a América, pero sobre todo a partir del establecimiento de la navegabilidad del mundo en tanto planeta. El modelo del progreso histórico iluminista es aquel de, como dice Latour, una continua purificación y diferenciación de lo que son las  “cosas”, lo objetivo, la naturaleza, y de lo que es la cultura, lo subjetivo.

Este modelo piensa el proceso histórico como uno en el que lo nuevo reemplaza a lo viejo, ya que lo nuevo supera las contradicciones y las mezclas de lo viejo. Lo nuevo es emancipación y conciencia, lo viejo es esclavitud y confusión. Un modelo diferente, y que puede pensarse como una íntima característica no exclusivamente americana, es aquel donde, no exento de contradicciones y conflictos, no hay un proceso de purificación y superación, sino de mezcla y co-existencia, un proceso histórico donde lo global y universal no implican solamente homogeneización, sino generación. No sólo en sentido generativo, sino también en el sentido de la coexistencia generacional: la homogeneidad cultural del continente sur-iberoamericano es producto de la conservación y la mezcla simultánea de culturas y proyectos históricos. Conviven el pasado y el futuro, y esta es quizás una definición de mezcla

Al mismo tiempo esta mezcla es determinada y determina unos vastos espacios en los que los motores generativos ecosistémicos juegan un rol fundamental. El exceso de naturaleza que vieron los adelantados españoles y europeos es característico.  Estos vastos espacios como las grandes cuencas, las grandes bioregiones ( las pampas, los humedales, los andes), las franjas civilizatorias como las del imperio inca, son regiones que funcionan como motores ecosistémicos. Son una sucesión de generaciones de regiones y de unidades políticas y culturales, cada una como una máquina de mezcla-relación específica. Estas “piezas espaciales y generativas” establecen a su vez procesos de mezcla de segundo orden, composiciones que se traman y articulan y a veces inician grandes procesos orgánico-culturales. 

A esta nueva forma de pensar en el espacio, y al proyecto que encapsula tanto la investigación de este documental como la de la cuenca del Río Volta en Ghana la llamamos Amerindia, e inicia una exploración de los procesos de mezcla y composición internos y entre estas piezas genético-espaciales. 

En la visión global moderna o iluminista la heterogeneidad de la composición geográfica y cultural es accidental y transitoria en una línea progresiva de evolución histórica de lo humano. Lo geográfico tenderá a aplanarse mediante la infraestructura y la tecnología y lo cultural tenderá hacia una unificación tanto económica (el proyecto de la globalización y el neoliberalismo) como axiológica (los derechos humanos, la gobernanza planetaria). La totalidad planetaria sólo puede ser interpretada a la luz de la categoría de identidad consigo misma. 

La hipermodernidad, este proceso de ascenso y comienzo de caída de la globalización tecnológica y cultural del capitalismo tardío, invierte ciertos parámetros de la modernidad clásica en virtud de un agotamiento, pero también de las consecuencias lógicas de las categorías. El progreso positivo se convierte en negativo y la utopía en distopía, pero siempre con un fin histórico unificado espacial y temporalmente. Lo humano se convierte en posthumano y lo ecológico en climático, el aspecto holístico de los sistemas humanos y no humanos, y el análisis de las relaciones constructivas y destructivas en y entre estos sistemas, pasan a ser un esquema de afectaciones entre sistemas que deben ser eliminadas. Lo que era una matriz antropológica única, expresada en los derechos naturales y los derechos humanos a nivel legal, se convierte en una grilla de infinitas diferencias de grupos identitarios que convergen en una purificación progresiva. De nuevo, estas inversiones mantienen una dirección y tendencias temporales y espaciales únicas para todas las partes. 

la composición es la cibernética de la mezcla

Partimos de la necesidad de dibujar un mapa que nos permita entender dónde estamos. El antiguo mapa global se está debilitando ante nuestros ojos: la concreción de los proyectos iluministas europeos que llevaron a esa borrosa y omnipresente entidad que se llamó “globalización” después de la caída del bloque soviético parece haber llegado a un punto de inflexión o de bifurcación. En el mejor de los casos llegaremos a un mundo dividido en bloques, y en el peor estaremos siendo testigos de la coincidencia de múltiples crisis estructurales en el umbral de una gran crisis sistémica. 

¿Dónde estamos? El espacio moderno dado, universal y homogéneo no parece explicar ni las asimetrías socio políticas humanas, ni situar las causas locales de efectos ecosistémicos  globales. Tampoco explica la aparición de aquellos lugares en los que se acumulan intensidades deformando ese espacio, acumulaciones de riqueza o de conflicto y violencia. La ciencia y la tecnología por otro lado explican que la posibilidad de intervención o de conocimiento es igual para cada porción de ese espacio. 

El evento global más sincrónico y ubicuo de la globalidad moderna, la pandemia y su cuarentena, dio lugar a un proceso de fragmentación y conflicto progresivos. La trama espacial inmanente se rasga y la historia se deshilacha: en el presente que se quería único para todos aparecen estratos antiguos y futuros emergiendo por doquier. Los movimientos de gentes y cosas se detienen y recomienzan, los encuentros se virtualizan y no hay espacio concreto, pero toda energía deviene una materia concreta y situada. Todo pretende ser virtual. ¿Dónde estamos y desde dónde? 

Amerindia plantea ir y atravesar los lugares, ver y escuchar, conversar para hacer ese mapa. Sudamérica es el lugar de concreción de la primera globalización moderna, ya que el Nuevo Mundo dio lugar al nomos de la tierra. La tierra esférica como unidad política es producto de esta invención y simultáneo descubrimiento del planeta esférico. 

Esta etapa de nuestro trabajo plantea una exploración de los grandes espacios sudamericanos y entiende estos grandes espacios complejos como el lugar que permite el encuentro de las series temporales de acciones individuales políticas, de las series estructurales históricas y de los largos “tiempos geográficos” (Pensando en las tres temporalidades de Braudel). Son esos espacios que por sus características heredadas y producidas van generando una madeja de cultura y naturaleza, y funcionan como motores metabólicos (ecoregiones, sistemas geológicos y biológicos) que preparan la cultura e historias de los grupos humanos. 

Los grandes espacios complejos nos permiten encontrar medidas y escalas que se diluyen en la modernidad global, son las matrices sobre las que la se generan los procesos humanos, estructurales, como las ciudades, las regiones rurales, las grandes infraestructuras y redes, así como los construcciones específicas y los eventos políticos atados a actores y fechas específicos. En este sentido se pierden de vista y son en apariencia inmanentes, pero al mismo tiempo los grandes espacios permiten dar una escala concreta, espacial y temporalmente, a los grandes procesos globales como las globalizaciones, las revoluciones industriales, culturales y políticas, pero también a los procesos ecosistémicos. Dar escala en el sentido de plantear un desde donde.

La crisis de la globalidad plantea el problema de los universales: ¿Vivimos en un mismo espacio? ¿Es la naturaleza algo continuo e inmanente? Los modos de la acción humana son tendencias antropológicas o hechos situados? ¿Se llega a lo universal mediantes el establecimiento de relaciones o siempre estuvo allí? ¿Vivimos todos en el mismo tiempo, en una misma matriz temporal? 

Entendemos Sudamérica como un gran espacio complejo que contiene a su vez diversos grandes espacios. Presenta una potencia ecosistémica a la que la vieja potencia europea no pudo describir más que como “naturaleza salvaje”, un estadio no humano tan potente que impedía la “civilización” humana. Desde el imperio inca las grandes organizaciones políticas y técnicas se han montado sobre estos grandes espacios y los han encarnado de distintas maneras. 

Pero esta vastedad espacial ha permitido un tipo de mezcla histórica, de tiempos, grupos y modos, una mezcla de alguna manera homogénea. El imperio inca encuentra la dimensión del corredor de Los Andes, y la antigua civilización amazónica la de la cuenca. El imperio hispánico y portugues conquistan estas civilizaciones pero adaptan sus unidades espaciales y en parte organizacionales. Lo mismo sucederá en la modernidad. Un proceso continuo salpicado de choques, violencias y saltos, pero cada nuevo actor histórico se superpone a los existentes en ese proceso de choque y mezcla simultáneos. Los momentos donde esta mezcla se transforma en un proceso sinérgico son los grandes momentos de composición cultural y política, donde la mezcla se transforma en información para sí misma. La composición es una cibernética de la mezcla. 

Estas tres dimensiones locales (gran espacio, mezcla y composición) producirán y serán producidas y afectarán y serán afectadas por esas globalizaciones esféricas y sus respectivas revoluciones técnicas. En esta urdimbre entre los lugares locales y los procesos de relación global creemos poder dibujar un mapa, cuya escala la dan los grandes espacios y cuyo centro generativo, o su desde dónde, lo da Sudamérica. 

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